Manuel Felipe Cardozo Matute “Manny”

Felipe Cardozo Matute “Manny”  12/11/1965 – 21/09/1986

 

El 21 de septiembre se conmemoran  29 años de la Muerte  de Mi Hermano Manny, siempre vienen a la mente aquellos momento de profunda tristeza,  fue algo inesperado solo contaba con 20 años, hasta ese día llegaron sus sueños, sus gana de vivir se terminaban con ese  trágico accidente pero no fue una despedida para siempre solo se adelanto hasta un nuevo encuentro. Reproduzco Un trabajo hecho por papá Mario Cardozo Grimaldi (+), donde recoge Nota por Federíco Cardozo (+), Luis Cardozo Grimaldi y una por el mismo

Manny

“Siempre faltan palabras donde sobran sentimientos”  (Baltasar Gracián)

Con una lágrima que no podemos contener y con el dolor de una herida que no cicatriza, Manny vive en nuestro corazón.

Hoy lo recordamos reproduciendo una nota publicada en “El Universal” el 22-09-1986, escrita por nuestro hermano Federico Augusto, quien también partió hacia el infinito.

Federico Augusto

Licenciado en filología (ciencia que estudia las obras literarias y las lenguas desde el punto de vista de la erudición -exámen al autor y al idioma-, de la crítica de los textos y de la gramática), ciencia de la vida intelectual, social o artística de uno o varios pueblos. (1)

A partir de 1964 -cuando le conocí personalmente- tuve un fructífero intercambio epistolar con él. Sus escritos son pedagogía pura y profunda.

Una vez le dije que yo había aprendido ortografía en Tercer Grado (con Misia Benigna M. de Aular, en El Valle). Rápidamente me dio su opinión: “eso no es cierto; tu intuición en relación con idioma lo hizo todo”. Me sorprendió tal aseveración. Pero la experiencia me indica que tenía razón. Los maestros son facilitadores; además, tuvimos la escuela de nuestros padres. Así, he ido asesorando a tus sobrinos.

También, en una carta de Federico, en 1968, me expresó lo siguiente: “Quedé abrumado de tu capacidad y método para discriminar ordenadamente, cronología y genealogía en tu carta del 31 de mayo ppdo. Me informé de todo el documental recuento que sobre la familia, hiciste con singular y admirable maestría. Esa carta será para mí una especie de incunable en el archivo epistolar dedicado a ti”.

Resulté el abrumado ante semejante elogio -que no era una formalidad fraternal, porque igualmente me hubiera alertado de alguna falla idiomática-. Federico era un profesor magistral. La asimilación de sus enseñanzas dependía de la capacidad intuitiva de los demás. Sus clases flotaban en el aire.

En una ocasión creí interpretar como resentimiento algunos conceptos suyos. Me dio una lección de razonamiento y a la vez me recomendó leer “Dialéctica de la realidad concreta”, de Karel Kossik.

Prepararé un libro acerca de nuestro gran intelectual hermano. El tuvo una rica vida interior y me contó muchas cosas interesantes. Sirvió en la educación de sus congéneres (dio matemáticas y fue psicólogo innato). Seguro fue feliz en la docencia, pero sufrió amargamente la ausencia de su amado padre. Ese dolor fue su cruz de por vida.

Papá conversaba mucho conmigo acerca de las causas adversas que para él se convirtieron en un calvario: jamás quiso alejarse de sus hijos. La vida, la realidad, es mucho más sorprendente que cualquier ciencia-ficción.

Hace unos ocho años se me ocurrieron unos pensamientos que son los siguientes:

Mandan los genes. Actúan los intereses. Obligan las circunstancias.

     Las manos de Federico Augusto y su media sonrisa eran las de Papá. Y también su intelecto. Algo muy natural.

Cada vez que releo algunas cartas de Federico me brotan lágrimas. Él no lo hubiese querido así. Me llamaba Mi Rey estoico. Pero él sabía que los sensibles sufrimos más.

(1) Federico se graduó en el afamado Instituto Caro y Cuervo de Bogotá. De renombre internacional.

En El centro Manny a la Izquierda "Tapatapa" Hidalgo - a La derecha "Franciscote" Dángelo y al fondo se ve "El Chiguire" Carlos Bautista
En El centro Manny a la Izquierda “Tapatapa” Hidalgo – a La derecha “Franciscote” Dángelo y al fondo se ve “El Chiguire” Carlos Bautista

Luis Guillermo Cardozo Grimaldi

¡Manny!

“No conoce –en su inmensa mayoría- el lector desprevenido, el nombre- título de esta nota de hoy. Y menos al verlo, precisamente en esta página 4 del cuerpo 3 de este diario. En la familiar página “3-4” de corte informativo y de asuntos relacionados con los aconteceres de la hípica e hipismo nacionales.

No es el nombre de ningún ejemplar con opción ganadora. Así crudamente, sin más respingo de posibles irrespetos. Las cosas hay que decirlas sin miedo ni tabúes formalistas. Como son y se sienten. Como las circunstancias o el entorno las relaciona. Claramente. Hoy nos ha tocado hacer por entrañables razones, un sesgo doloroso, social y familiarmente sensible en nuestros afanes.

Manny es un hijo de la hípica. Y hoy, una noticia de la hípica. Por que él es hijo, por vaso comunicante, de un profesional de la hípica. De un periodista del hipismo: Mario Cardozo, quien desde niño ha estado en un solo, vivencial y notable trasiego: de lo hípico a lo hípico, del hipismo al hipismo y por el hipismo. Siempre en pos del relanzamiento de esta actividad.

Por eso Manny es hoy suceso de natural registro en esta sección. No podía ser otro, el más adecuado espacio. Pero es un registro luctuoso. Una opción de vida que se apagó en una joven pista, de apenas veinte años. ¿Fatalidad? ¿Desventura? ¿Aciaga calamidad? ¿Muerte? ¡Nada de lamentaciones!

Tomémoslo con naturalidad. Con altura de vida. No ha habido muerte en el sentido trágico de lo material-sensible. Es sólo el retorno obligado a la forma inicial de donde venimos. Refresquemos –como hombres de bien llevada entendida fe en Cristo- lo que nos dice el mayor, único y verdadero Libro de Vida…” (No es necesario transcribirlo)

Ello es alimento que fortalece el ánimo cuando sucesos como el de Manny estremecen al hombre, a un núcleo familiar o social. El finado fue un chico manso. Recordemos con el inspirado salmista “los mansos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de la paz”.

Manny, como palabra, es un recurso lingüístico afectivo llamado hipocorístico, la forma cariñosa, mimosa y familiar a que se redujo el nombre de quien en su tránsito breve por este planeta tierra, respondió al nombre de Manuel Felipe Cardozo Matute (R.I.P.)  Fue, también, el nominal tratamiento que le dieron sus relacionados y amigos.

Mario José Cardozo (padre), Hilda Matute de Cardozo (madre) y todo el núcleo familiar del extinto, reciben la voz de humana solidaridad de los amigos de esta casa, ante el sensible acontecimiento que enluta ese distinguido y querido hogar.

Manny, un hombre. Un eco. Una imagen bonachona, siempre recordada en muchas memorias. Muchacho, estás presente en nosotros.

"Manny" Manuel Felipe Cardozo Matute
“Manny” Manuel Felipe Cardozo Matute

-Federico Cardozo-“  

A mi amigo Manny

Hay recuerdos que nos llenan de tristeza pero a veces es lo único que nos queda. Es imposible escapar a ellos.

He venido pensando que te convertiste en mi amigo por tu propia iniciativa. Estabas muy pequeño cuando te hiciste mi compañero la mañana de cada domingo en los comienzos del programa radial “Dos Colosos del Hipismo”. Al momento de salir  llevabas tiempo esperando en la puerta. Sin dar oportunidad de discutirlo, me acompañabas.

Nunca pedí que lo hicieras. Después me acostumbré a tu compañía. Creciste y nada cambió. Nos hicimos más amigos. Compartíamos muchas horas en diversas actividades. Durante el período que estuve trabajando desde el hipódromo de Valencia, compartiendo responsabilidades de comentarista con Gustavo Ríos y Omar Khayan de narradores, no fallaste ningún jueves.

Con la mayor seguridad me llevabas y traías. Eras un excelente conductor de automóviles ¡El Mejor! No cometías imprudencia alguna. Estabas atento de mantener el vehículo en buenas condiciones. Eras respetuoso de las leyes y señales de tránsito. Pero por sobre todo ello, eras un excelente compañero y un gran amigo.

Eras noble de sentimiento y leal en el trato ¿Cuántas veces regalaste hasta la camisa a quien nada tenía? Recuerdo que el destacado beisbolista César Tovar observó en ti buenas condiciones para ese deporte. Tenías la destreza natural de lanzar con la misma fuerza con ambos brazos. Eras hábil bateador a la zurda. Inteligente. Vivo y buen tocador de pelota.

No recuerdo si lo concreto pero Herman “Chiquitín” Ettedgui me comentó en una oportunidad que realizaría un reportaje para su programa deportivo por televisión, porque no era frecuente una persona con esa dualidad para lanzar. NO seguiste en esa disciplina para practicar la natación. Todavía niño intervenías en aquellos agradables torneos de softbol organizados por el círculo de periodistas hípicos.

En aquella mezcla que incluía jugadores de toda edad y categoría. Una vez lanzaste un juego fenomenal, del cual conservo una foto, jugando para el equipo que dirigía el fraterno Francisco Morales. En la tribuna el platinado Amilcar Zambrano armó una bronca, amenazando con denunciar el hecho ante el Inam, al asombrarse de tu actuación ante hombres.

Hace poco encontré entre papeles de archivo unos numeritos finales de uno de esos eventos. En el lote de malos, viejos y muy jóvenes, donde jugaban “Jojoto” y Danielito Ettedgui, entre otros, perdimos el campeonato con tu hermano “El Catire” Mario José, pero copamos los tres primeros lugares con apenas un punto de diferencia entre cada cual.

Ese trofeo me lo quitó Domingo Pérez, nuestro querido anotador oficial “Maradona”, al castigar con un error a Franklyn Morales , en un rolling que fildeó casi en el leftfield sin tiempo para meter el out. En esos días me convertí  en lanzador gracias a las interminables sesiones de entrenamiento en las cuales me servías de catcher. Todas las tardes practicábamos en el jardín de nuestra residencia.

Cuando hubo confianza entrenamos en el estadio de softbol. Desde el sitio donde escribo puedo apreciar el trofeo que obtuve como lanzador, por juegos ganados y efectividad, gracias a tu ayuda y unos consejos de Pepe Rivas. Fue en torneo “Edgar Granés”, con el equipo “Luis Delgado Campos”, cuyo manager era Joe D´Angelo.

Ya en San Antonio de los Altos siempre andábamos a la caza de alguna caimanera. Así fue como participamos en La Rosaleda, La Arboleda, Los Castores, Utal, Corralito y otras tantas partes. Después vinieron aquellos intercambios semanales con nuestro equipo familiar de esos llamados “Sancocheros”.

Jugamos con récord positivo en San Sebastián de los Reyes, Cúa, Charallave, La Guaira, Palo Negro, Las Mercedes de Paparo y en otros lugares. Teníamos locos a “Los Caimanes” de la armada. El campocorto de ellos era el Contralmirante Luis Cabrera Aguirre. Catcher el Capitán de Navío Héctor Troconis Montero, el cual conjuntamente con el Coronel Gerónimo Silvio Zaragoza, también jugaron con nuestros “Sancocheros”.

El Contralmirante Gruber Odreman siempre fue excelente anfitrión en esos intercambios deportivos. En uno de esos juegos, Jhonny Jiménez, bateó un jonrón descomunal cuando el partido se desarrolló  en un de fútbol. La pelota viajó de arco a arco. Tú nunca faltaste en el line up, por dos razones, te habías ganado el puesto y aprovechabas el nepotismo del manager, quien además era dueño del equipo

Esos tiempos se acabaron. Los uniformes que recogíamos después de cada juego, deben estar mohosos en el maletero. El único que jamás lo devolvió fue Pedro Rafael Carpio. Hasta mi caña me la podía tomar tranquilo porque me ibas a buscar a cualquier hora o sitio, liberándome de la responsabilidad de conducir. Nunca permitiste que lo hiciera se había ingerido licor.

Todos estos recuerdos de numerosos momentos gratos que vivimos, en el trabajo, en el deporte y en tantas actividades, afloran ahora porque mañana se cumplen ocho años de tu inesperado viaje. En tu despedida hubo numerosas personas de todos los estratos.

Me impresionó por su atuendo, el humilde vendedor de chicharrón de la Redoma de Coche. Estaba vestido con ropa y calzado que me pertenecieron. Tu estabas en todo momento atento a lo que ya no se utilizaba para regalarlo a quienes más necesitaban. Ese Señor me hizo saber que tú lo habías ayudado en esa forma. Me abrazó y derramó una lágrima. Esa gente del pueblo también te quería mucho porque eras bondadoso y servicial. Practicabas el bien.

Para nosotros la vida sigue. La lucha es permanente. Pero estas evocaciones son inevitables porque nunca nos has abandonado en el sentimiento. Sabemos que contigo se fue buena parte nuestra. No hemos podido acostumbrarnos a tu ausencia física. Hemos tenido que aceptarlo porque no existe alternativa diferente, a la de llevar de compañía en el costado izquierdo, ese inmenso dolor que no nos abandona, formado por un gran vacío en lo más profundo de nuestro ser.

Ocurre que en la medida que va transcurriendo el tiempo, sigue creciendo ese vacío… ¡porque no he vuelto a tener un amigo y compañero como tú! Tal vez este sea un sentimiento egoísta, sabiendo que estás, pues el te llamó a su lado, en el Reino del Señor

 

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