Impunidad y complicidad

Reproducimos una columna de hace 6 años de Observador Hípico redactada por nuestro padre fallecido. que hoy en día tiene vigencia

Impunidad y complicidad
15/11/2009
Por: Mario Cardozo Grimaldi (+)
Mario Cardozo Grimaldi (+)
Mario Cardozo Grimaldi (+)

Varias administraciones del Instituto Nacional de Hipódromos han intentado combatir a las mafias que manejan la jugada ilegal y han sido derrotadas por variadas razones. La proliferación de dateros sin ningún tipo de ética que incursionó en el medio prostituyó los oficios de toma tiempos y pronosticadores. Nunca vimos ni escuchamos, por ejemplo a Juan Francisco Blanco, “El Negro Blanco”, ni al viejo José Aponte o al “Pelúo” Juan Bautista Ochoa, echarle la culpa al entrenador o al jinete por el fracaso de un ejemplar. Tampoco vimos a Sabato D`Angelo las madrugadas de traqueos buscando datos para sus pronósticos. El mejor pronosticador que conocimos, Herman Dittmar Bitter, nunca fue al hipódromo. Tenía un archivo de los resultados de las carreras y de esa forma analizaba las carreras y sacaba sus favoritos. Acertó muchas combinaciones incluyendo un cuadro único en sociedad con Agustín Avellaneda, elaborado con sus estudios. Los que tenían esas responsabilidades utilizaban sus propios métodos de análisis de las carreras. Del estudio pormenorizado para luego pronunciarse. No decían que fulanito o zutanito se lleva tal ejemplar de “robo” para después echarle la culpa que lo paró.

El mismo aficionado común no requería de consulta alguna para hacer sus jugadas. Adquiría su revista preferida, hacia sus estudios y sacaba sus propias selecciones. No tenía necesidad de comprar un costoso folleto que poco le ayuda. Lo que hace es complicarle la escogencia. Lo enredan con claves y numerosas llamadas telefónicas que le encarecen la inversión. Finalmente ellos no fallan nunca. Para ellos la culpa es del jinete que paró el caballo o el entrenador que lo mandó a parar. Pero estos sujetos se dicen infalibles aunque muy poco aciertan por ser unos advenedizos que crearon desconfianza en el espectáculo hípico al presentarlo como una serie de trampas que sólo están en sus corrompidas mentes.

La invasión fue tan masiva que estos sujetos coparon las transmisiones hípicas trasformando lo que era una información para el aficionado hípico que no asistía al hipódromo en un receptor de las estupideces y mentiras que repetían sin cesar. En lugar de ser los productores de los programas los que regularan las transmisiones fueron los dateros los que cambiaron todo. Ya las transmisiones, en su mayoría, iban pendientes del dato que habían señalado. Si venía mal, en la misma descripción de la carrera hacían su crítica mal intencionada: “Pero bueno, hacia dónde va ese jinete”. Se olvidaron de los parciales, tiempo total y muchas veces del orden de llegada. Lo importante era explicar por qué había fallado el dato. Si ganaba, cosa poco frecuente, el escándalo era desbordante, cuando se veía el triunfo claro lo primero que pedían todos los narradores, era el dividendo. Después a burlarse del vecino porque no lo dio. Son promotores de la jugada ilegal. Degradaron el hipismo y lo siguen degradando de madrugada afortunadamente con poca sintonía.

Con relación al combate a las bandas delictivas de la jugada ilegal y los intentos por combatirla, hubo la iniciativa por parte de un presidente del INH que recibió el apoyo de la Guardia Nacional con la jefatura de un general y personal especializado. El primer trabajo de inteligencia fue realizado en la Tribuna de Propietarios mediante seguimiento a los vendedores de juego ilegal en el corazón del hipódromo los días de carreras. Minuciosamente hicieron un archivo debidamente clasificado donde se logró evidencia de las operaciones ilegales que se efectuaban. Produjeron fotos y vídeos de flagrancia evidente. Ubicaron con precisión dónde y cómo operaban las bandas delictivas.

Llegó el día fijado para el operativo. El primero en subir a la tribuna fue el general en compañía de sus asistentes. Abajo quedaban dos unidades de transporte esperando por los detenidos. El comité de tribuna recibió a las autoridades en forma poca amistosa. Dijo que esa operación no estaba autorizada. Que ese era un lugar privado donde se reunían los socios y sus invitados a presenciar, sanamente, las carreras y que no les iban a entorpecer su diversión de fin de semana. Inútiles resultaron los esfuerzos por hacerles entender que se trataba de un procedimiento de profilaxis en beneficio directo de ellos, que el pote de premios a propietarios se produce de la jugada que ingresa legalmente por el INH y que la mayoría de lo que allí se jugaba era ilegal. No fue posible convencerlos. Se había producido una derrota, triunfando la impunidad y la complicidad en detrimento de la actividad hípica. Las bandas delictivas dedicadas a manejar la jugada ilegal salieron favorecidas y fortalecidas de esa operación. Recibieron el apoyo irrestricto del importante sector de propietarios ubicados en esa tribuna.

Pese a ese contratiempo el operativo siguió teniendo como meta el estado Zulia donde hay más sitios de jugada ilegal que marullos en el lago. El general y su equipo se instalaron en Maracaibo a tender la red. Hicieron un minucioso trabajo de investigación. El objetivo principal fue el Pool de a locha, que desde hace alrededor de 40 o más años maneja un sujeto llamado Marcos Ramírez. Ofrece casi todos los juegos que patrocina el INH aprovechando las carreras que patrocinan y pagan los hipódromos nacionales. Igual que en La Rinconada se elaboró un dossier con el movimiento de esa y otras bandas delictivas. Cuando todo estaba listo para sorprenderlos en la pillería, la preparación del operativo se filtró y comenzaron los movimientos.

El primero en reaccionar fue el Obispo del Zulia Monseñor Domingo Roa Pérez, quien presa de iracundia fue donde el general a reclamarle lo que estaba haciendo: “Cómo es posible que usted vaya a hostigar a Marquitos que es un benefactor de la iglesia católica, ese bondadoso hombre de bien nos lo ha enviado Dios. Gracias a su generosidad nos mantiene dos escuelas y un hospital. Sepa usted que está cayendo en pecado al combatir a tan noble ciudadano”. Nosotros conocimos a tres párrocos del estado Zulia que no pensaban ni actuaban como ese obispo. Tampoco se asociaban con delincuentes. Ellos fueron El padre Paz en Cabimas, el padre Petit en La Rita y el padre Olegario, tutor del amigo Néstor Mena, en Maracaibo. Estaban muy cercanos al pueblo. Todo aquel que está fuera de la ley es un delincuente. Pero de acuerdo con el obispo Roa Pérez, si alguien le mete la mano en el bolsillo, en este caso al estado y parte del producto de la fechoría pasa a la mafia del bonete y la sotana, al tocar esas pulcras manos, se purifica. Entonces sucederá igual si el dinero sucio procede de la droga, del secuestro o del atraco. Queda santificado no importando su origen.

La siguiente protesta surgió de la política regional. Una alta dirigente partidista se le presentó al general con un discurso parecido: “General ni se le ocurra meterse con Marquitos. Mire que él nos financia las campañas políticas. Cuando necesitamos algún apoyo financiero él es el primero en presentarse. Atacar a Marquitos es crear serios problemas regionales porque es un gran colaborador con las comunidades”. Nos gustaría revisar la nómina secreta de Marcos Ramírez para saber cuáles son sus protectores actuales.

Finalmente un malandrín en quien parece haberse inspirado el cantautor hermano de Dionisio Garrido, oriundos de Guardatinajas, para escribir “El propio Jala bolas”, siendo funcionario del INH se anunciaba en una revista hípica con un “Informe de la Jugada Ilegal”. Ofrecía las “movidas”, los “muertos”, las carreras “arregladas, los “guisos” y toda esa gama de inventos poco originales. De nada valió la protesta pública de un prominente criador quien lo denunció en una revista hípica. Creemos que todavía persiste en su manejo ilegal. Incluso se valió de varias trampas para transmitir clandestinamente las carreras. Lo extraño es que nunca se proceso una averiguación por este motivo. La hay por otra causa que no prescribe.

Esos ejemplos contundentes comprueban la impunidad y complicidad que reciben las bandas organizadas que manejan la jugada ilegal en los hipódromos nacionales y malandros individuales infiltrados. Tienen apoyo de varios sectores de la manera más descarada. Lo que es peor, las autoridades nacionales se hacen la vista gorda dejando el problema al INH que carece de los recursos necesarios para combatir este flagelo que es asunto de estado. Se están escapando 32 millardos de bolívares cada semana que van a parar en manos de los mafiosos que cada vez se hacen más poderosos y ahora amenazan la vida de aquellos que tratan de combatirlos. Es el momento de intervenir los organismos de estado como el Ministerio de Interior y Justicia que tanta propaganda se hace de su eficiencia y le están latiendo en la cueva. De la Policía Científica para que investigue esta estafa al país. De la Policía Política por si hay vinculación de estas bandas con ese sector.

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